Básquetbol – Se realizó Clínica de Entrenadores en Paraná (Argentina) con la presencia de Oberto, a la que concurrió nuestro entrenador Gustavo Rivas

Se realizo en la ciudad argentina de Paraná una nueva clinica para entrenadores en la que uno de los disertantes fue la estrella del baloncesto argentina e integrante de la generacion dorada Fabricio Oberto, quien enriquecio dicha clinica con sus experiencias. Un grande con todas las letras, y nuestro entrenador Gustavo Rivas estuvo presente para continuar creciendoen experiencia y mantenerse actualizadose y capacitandose con los mejores.

A proposito de Fabricio Oberto, encontramos una nota titulada «¿Cuantas?» del periodista argentino Carlos Altamirano escrita en su columna de www.basquetcaliente.com, que transcribimos a continuacion y que ojala los chicos de las formativas las puedan leer:

¿Cuántas veces notamos la gran distancia que existe entre lo que promulgamos con palabras y lo que verdaderamente hacemos? 

No hace falta mirarse fijamente al espejo, no deja de ser un acto de vanidad y generar un momento de autocrítica asesina para llegar a la conclusión. Es fácil: 9 de cada 10 personas coincidirá en que ese hecho es algo recurrente. Y en todo orden de la vida. Parece una gimnasia enfermiza: decir mucho, hacer poco. Prometer. Empezar. Fatigarse. Abandonar. Una y mil veces.

Pero hay personas que lo logran. Hacen foco en un objetivo, lo rodean de pasión y amor propio, lo estimulan con actos casi vocacionales y lo ejecutan rozando la brillantez: “A veces pareciera que la Generación Dorada salió de una nave espacial, y en realidad, lo que hizo ese equipo fue romperse el culo desde el primer día hasta el último, sin tomarse licencias ni en el momento más doloroso ni en el más exultante”, dice Fabricio Oberto.

Sí, de él se trata. De un tipo que reconoce haber sido muy flojo en su etapa de categorías formativas. El mismo que 20 años más tarde de su primer contacto con un balón fue declarado, por escándalo, el mejor 5 de la historia del básquet argentino.

Es tajante Oberto. Asegura, sin falsa modestia, que le causaba gracia cuando le decían que su talento lo iba a catapultar a las mejores ligas del mundo. Dice que en sus primeros años se fastidiaba porque ni siquiera le pegaba al aro al sacar sus ganchos, o su giro y tiro; o que no lograba coordinar sus pies al pivotear; o que tener control de la pelota con detalles técnicos era quimérico. Fue allí cuando descubrió la palabra que lo acompañaría por el resto de su carrera: TRABAJO.

No cien. No doscientos. No quinientos. Mil. Mil tiros por día. Probar. Errar. Corregir. Anotar. Repetir. Repetir. Repetir… Su talla y elasticidad le generarían facilidades para ser un grande capaz de correr genial la transición defensa ataque. ¿Su método? Entrenar físicamente a la par del base, no de los pívots. Y repetir gestos técnicos. Con y sin pelota. Y mirar partidos. Estudiar el juego. Comprender sistemas.

Fabricio Oberto
diserta en la Clínica Anual para entrenadores de la Argentina y no logra entender por qué a los jóvenes que desean ser profesionales les cuesta tanto crear el hábito del trabajo. Vuelve a ser crudo:“¿Cuántos tiros podía tener durante las dos horas que duraba el entrenamiento? ¿Cuatro? ¿Seis? ¿Diez? No más que eso, menos en mi puesto, aun menos sin talento innato. Para ser mejor ofensivamente y tener un porcentaje elevado la única posibilidad era trabajar duro fuera del horario de las prácticas. Y el tiempo que haga falta para completar una rutina que realmente cambiara mi juego”.

Escuchar a Oberto y recordar su carrera pone los pelos de punta. Más tarde comentará qué significa jugar para el equipo, cómo si hiciese falta que lo explique con palabras. Un editado de cinco minutos de su paso por Atenas, Valencia, TAU, San Antonio o la mismísima Selección Argentina bastarían como ejemplo. ¡Exacto! Esas siete letras definen a Oberto: EJEMPLO. Y cierra con una frase lapidaria: “Vivo escuchando a los pibes decir que las condiciones para entrenar no son las mejores, que la cancha es más chica, que la pelota no es buena, que hace frío, que hace calor, que el entrenador no lo pone, o que lo pone mucho y lo cansa. Son excusas. En la Argentina, como en muchos lugares más, hay que sobreponerse a la carencia de estructura”.

¿Cuántas? ¿Cuántas veces más seguiremos estirando la brecha entre lo que promulgamos con palabras y lo que verdaderamente hacemos?

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